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El binomio de género, la gran estafa occidental

April 3, 2018

La identidad binaria de género parece quedarse muy antigua en Occidente. Sin embargo, en culturas que podemos considerar, desde nuestra superioridad moral europea, como más bajas, logran aceptar una mayor diversidad de etiquetas genéricas. Podíamos hablar del tercer sexo, tal y como se conoce comúnmente a este tipo de identidades.

 

Entre esta alternativa al binomio tradicional de género, podemos encontrar casos como los hijra, intersexuales a los que, ritualmente, se le extirpan los genitales. Mantienen relaciones con hombres, imitan las conductas y costumbres socialmente entendidas como femeninas y son considerados con un rol social específico. También destacan los fa`afafine, personas de Samoa que conviven como mujeres. Mantienen relaciones con hombres, los cuales también les consideran mujeres abiertamente y sin prejuicios sociales.

En México los rarámuris disfrutan de una gran flexibilidad sexual. Es común el intercambio de parejas en algunas de sus fiestas y reconocen un tercer género con personas que se identifican con el rol social del género contrario. Entre los inuit habita una tercera identidad. A algunos niños y niñas se les educa en el sexo contrario al de su nacimiento por los sueños que han tenido sus madres. En la pubertad muchos de ellos cambian su género respecto a su correspondiente educación, reencarnándose en su sexo biológico. Por todo ello, son vistos y admirados como los chamanes del grupo.

 

A pesar de su aceptación como género, muchos de estos individuos son rechazados socialmente en sus residencias como personas. Sin embargo, muy opuestamente hay otras vertientes que son tratados casi como dioses, siendo admirados incluso por las religiones, al contrario que aquí sucede con los representantes de la Iglesia. 

Resulta llamativo que justo en las regiones más progresadas y avanzadas, la religión se oponga rápidamente a esta diversidad. En España tenemos el caso de la asociación ultracatólica Hazte Oir, que hace unos meses lanzó a las calles un autobús con mensajes los cuales muchos consideraron transfóbicos. Recientemente, un transexual de 16 años se suicidó a la espera de un tratamiento hormonal. Estas noticias alarman las cifras que dicen que los suicidios de trans son veinte veces superiores a los cis.

 

Como vemos, en Occidente hay un claro retroceso en lo que a cultura de género se refiere. La diversidad pasa por dos sexos y géneros. Esta reducción discriminatoria en forma de binomio no hace más que agrandar los prejuicios y malentendidos de la diversidad por parte de la sociedad occidental. Todo esto desemboca en problemas de sexismo, en especial machismo, ya que prácticamente obliga a los individuos a comportarse como sus genitales indican. Estas indicaciones pasan por imponer valores de fortaleza a lo masculino y de debilidad a lo femenino. Por ello, comportamientos de sensibilidad y feminidad serán atribuidos rápidamente a una homosexualidad por parte de los hombres, que puede o no corresponder con la verdad. Lo mismo sucede por parte de las mujeres cuando muestran gustos maletiquetados de masculinos o en su personalidad destaca el carácter y liderazgo.

Todas estas asignaciones estúpidas a sexos y géneros, debilita el poder de la sociedad para avanzar con el respeto y la tolerancia que se requiere. Además, se limita la obtención de personalidades únicas, ya que, tal y como nos han inyectado en la educación, solo intentaremos copiar los patrones que nuestros sexos y géneros nos tienen estipulados, sin fomentar la creatividad, originalidad y diferencia.

 

Empecemos a entender que el género está en nuestras mentes y el sexo en nuestras entrepiernas. Ambas características, combinándolo junto a nuestros sentimientos y orientaciones, dan lugar a tantas identidades de género y sexo como chistes cuñados hay en la cena de navidad.

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