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El coworking, la más positiva consecuencia de la crisis

A finales de la primera década del milenio estalló la archiconocida crisis económica en España, que aún continúa, aunque Wikipedia la dé por zanjada hace cuatro años. Motivo de esta crisis, sucedieron diversas consecuencias: cambios de gobiernos, manifestaciones, movimientos sociales en la calle, nacimiento de nuevos actores políticos, aumento de las depresiones y suicidios en España, vulneración de derechos humanos, desahucios y un largo etcétera que podría atragantarnos la comida anterior.


A pesar de todo ello, esta terrible situación intentó ser superada por una ola de valores en los que destacaba la originalidad y hermandad. La economía estaba a hostias con los negocios, se agujereaban los bolsillos y flaqueaban las fuerzas, pero las cabezas se pusieron a trabajar para superar las barreras de esta economía en decadencia. La creatividad e ideas comenzaron a florecer. Nuevos puestos y formas de trabajo estaban ya en el vientre de la sociedad.

Meses después del coito entre el desempleo y la necesidad de la gente de sumergir, vieron la luz los primeros coworking en España. No obstante, los coworking ya habían aparecido anteriormente en 1995 en Berlín y cuatro años después fue cuando el término comenzó a ganar fuerza y sentido. Esta nueva propuesta laboral pasaba por compartir espacio de diferentes autónomos, freelances y otras empresas que, por falta de recursos, decidían asentar distintas propuestas en unos mismos metros cuadrados. Al final, esta idea, que en un principio podría asentarse en España como de necesidad por falta de recursos, se convirtió en una alternativa a la empresa tradicional, dónde se compartían espacios, ideas y proyectos.