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La calle agranda la minúscula importancia que las aulas dan al teatro

El teatro celebra estos días su semana. Éste parece no ser el hijo favorito de las artes en España, al menos en los centros educativos. Comenzando por la educación primaria, por lo esencial de los seres, por el motor de los humanos, vemos como desde pequeños pasa sin pena ni gloria por nuestra formación académica. Literatura, Plástica y Música se ven anexionadas desde nuestra obtención del uso de la razón a la enseñanza de los más jóvenes. Además, otra vertiente artística y cultural, como es el cine, se presenta por muchos docentes como uno de sus principales ases para exponer conocimientos. Ya sea en asignaturas de Historia, Filosofía o Religión, entre otras, se recurre a sus filmes para hacer más práctica la teoría.


Pero, ¿qué sucede con el teatro? Éste aparece en ramas de la literatura como análisis y conocimiento de algunas de las representaciones que se hicieron por vía de las historias redactadas. También en alguna esporádica excursión para “visitar” grandes taquillas comerciales o, lo que es peor, para ver clásicas obras no adaptadas a un público infantil de las cuales lo único que despertará en ellos será el sueño en lugar del interés.


Sin embargo, el teatro es uno de los recursos más recurrentes a la hora de la organización de actividades por parte de los centros. Entonces, ¿por qué se da la espalda a una creatividad en el sistema educativo a la cual luego se recurre constantemente para besarle el trasero?