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Slow Fashion: el concepto “healthy” se traslada también al sector de la moda.

February 15, 2018

 

 

Seamos sinceros, en la actualidad, vemos una tendencia y vamos todos en “fila india” hacia ella, sin plantearnos sus beneficios e/o inconvenientes, así como su impacto social y cultural.

 

En los últimos años se ha potenciado notablemente el interés del consumidor por la comida sana y ecológica, así como una fuerte preocupación por el medio ambiente. El concepto “natural” es la máxima que persiguen muchos, unos por simple seguimiento de tendencia (recordemos la moda de los influencers y la presión que, directa o indirectamente, generan en la sociedad fomentando el consumo de productos, servicios o marcas), y otros, por una clara preocupación social por el mundo que les rodea, por tratar de construir un futuro mejor.

 

 Sea como fuere, este concepto de naturaleza viva, limpia y pura se ha trasladado a las prendas de moda, donde cada vez más consumidores ponen fin al consumo de pieles animales y apuestan por la moda sostenible.

 

Uno de los ejemplos más sonados en los últimos meses es el de la diseñadora británica Stella McCartney, que ya viste a sus modelos con imitaciones de cuero, o grandes firmas como Gucci o Faustine Steinmetz, que de hecho han sido premiadas por la organización ecologista PETA por su compromiso con el medio ambiente y su respeto por el mundo animal.

 

La no utilización de piel de seres vivos para la confección de prendas es ya un hecho consolidado, pero otra de las últimas tendencias en cuanto a tejidos es la de la extracción de la seda de araña en sustitución de la original de los gusanos de seda, donde mueren numerosos ejemplares ya que la seda se extrae cuando aún éstos son capullos.

 

Al igual que avanzamos en tecnología, la industria de la moda quiere avanzar en cuanto a utilización de nuevos tejidos, y es por eso por lo que la famosa Miroslava Duma creó hace poco el Fashion Tech Lab, un laboratorio que invierte en la investigación de nuevos tejidos tecnológicos.

 

Hasta aquí, todo son propuestas muy eficaces pero, ¿cuál es el hándicap de esta iniciativa? La respuesta es clara: su precio. Todo lo nuevo requiere un gran esfuerzo y su coste es elevado. La investigación es lenta y requiere un potencial de trabajo que no se verá reflejado hasta un medio-largo plazo.

 

No obstante, fuentes cercanas al mundo del diseño aseguran que este aumento de precio se estabilizará y reducirá con el paso del tiempo, en cuanto la moda sostenible se asiente en el mercado económico.

 

Como ya se ha mencionado, la preocupación por el reciclaje siempre ha estado presente pero se ha intensificado en los últimos años. A nivel internacional, existen, en ciudades como Londres, una especie de tiendas bajo el nombre de “Charities”, las cuales comercian con prendas cedidas a la beneficencia con un precio simbólico y cuya recaudación se destina a obras sociales.

 

Para que nos entendamos, en nuestro país es el equivalente a los ya famosos mercadillos solidarios, cuyo propósito es fomentar el consumo textil responsable y cubrir las necesidades del comprador.

 

 

 

Iconos mundialmente conocidos como Michelle Obama o Emma Watson se han convertido en protagonistas de causas como estas, cuyo propósito a largo plazo es entender la industria de la moda desde un punto de vista equitativo, solidario y respetuoso.

 

¿Se apoderará el Slow Fashion del mundo de la moda y conquistará definitivamente la mente de los consumidores? ¿Realmente se conseguirá un descenso de precios cuando la moda sostenible se asiente en el sector? ¿Hasta qué punto radica la diferencia entre la preocupación por el medio ambiente, el entorno animal y los procesos naturales en general de la simple estrategia de las firmas de mejorar su imagen de marca?

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